La estética del Gran Guiñol
Por Pedro Paunero

Hubo una vez un teatro dedicado exclusivamente al crimen. Sus constantes fueron los ambientes y los procesos mediante los cuales se derrama la sangre para formalizarlos en una decidida búsqueda estética. Se le denominó Teatro del Gran Guiñol. La estética del Grand Guignol (en su original francés) puede rastrearse a través de casi todo el cine fantástico mexicano: está presente en el cine de terror y ciencia ficción que en gran número de títulos se identifica como uno solo. Se transparenta en la relevante comedia Cada loco con su tema (Juan Bustillo Oro, 1939) con su trama del legado tenebroso repetida hasta la saciedad. Penetra como una serie de elementos destacados en la filmografía de género de Chano Urueta: en El signo de la muerte (1939), la trilogía compuesta por El jinete sin cabeza, La cabeza de Pancho Villa y La marca de Satanás (1957); en El barón del terror (1962), La cabeza viviente (1963) y el cine de luchadores que este mismo realizador fundó. Aparece en la simplísima comicidad nacional aderezada con un terror gótico ya desfasado: La casa del terror (Gilberto Martínez Solares, 1959) con Tin Tan y Lon Chaney en un museo de cera; la floja parodia Locura de terror (Julián Soler, 1961); la notable Muñecos infernales (Benito Alazraki, 1960), etcétera. Por basar sus argumentos en la problemática urbana o social se le encuentra en los dramas de Felipe Cazals: Canoa (1975), El apando (1975), Las poquianchis (1976), en la fantasía histórica El jardín de la tía Isabel (1971); y en los de Arturo Ripstein: El castillo de la pureza (1972) y El lugar sin límites (1977). Por su crudeza se le localiza en escenas clave del docudrama pionero sobre la banda de El automóvil gris. Por coincidencia se filtra e impregna las escenas más duras del mexploitation: Intrépidos punks (Francisco Guerrero, 1984) y La venganza de los punks (1991); Ritmo, traición y muerte, la cumbia asesina (Christian González, 1991) o El infierno (Luis Estrada, 2010). Y se adentra, por consumo masivo de la imagen sensacionalista, al siglo XXI expuesto en su devenir a través de los medios con las snuff movies, las grabaciones caseras y los videos de ejecuciones.

De la introducción al Capítulo: La estética del Gran Guñol por Pedro Paunero en "Dos amantes furtivos, el cine y el teatro mexicanos"

Este sábado 28 de noviembre en el Salón Alfredo R. Placencia de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara se presenta a las 16:00 hrs. "Dos amantes furtivos: el cine y el teatro mexicanos", un libro de ensayos, estudios históricos y crítica, coordinado por Hugo Lara Chávez y que reúne textos de Eduardo de la Vega Alfaro, Roberto Fiesco, Pedro Paunero, Elisa Lozano, Alvaro Vazquez Mantecón, Miguel Ravelo, Raúl Miranda López, Fernán Galíndez Sánchez, Victor Ugalde, Sergio Huidobro y del propio Lara. Es una edición de Paralelo 21.
De acuerdo a la información editorial, el volumen aborda una revisión desde diferentes ángulos acerca de las múltiples intersecciones entre el teatro y el cine mexicano. En palabras de Sergio Huidobro: “Como amantes furtivos, cine y teatro están condenados a encontrarse por las noches y a olvidar sus nombres a la mañana siguiente; a alimentarse mutuamente y a separarse al instante, asediados por su mutua e infranqueable necesidad de independencia”.


"Dos amantes furtivos. Cine y teatro mexicanos" integra voces de reconocidos especialistas, de distintas generaciones, que crean un caleidoscopio donde puede verse el legado de creadores, escritores, guionistas, actores y directores, que van desde Juan Bustillo Oro, Mauricio Magdaleno, Emilio Carballido, Sergio Magaña, Alejandro Jodorowsky, Hugo Argüelles, hasta Jorge Fons, Vicente Leñero, Sabina Berman o Manolo Caro, entre muchos más.